3. Jesús explica: a la predicación de Jonás, se arrepintió Nínive.
3.1. Jesús explicó, que él estaría en el corazón de la tierra por tres días y tres noches como estuvo Jonás dentro del vientre del pez. Mat 12:40.
3.2. En la oración de Jonás, proféticamente dice: él sacó su vida de
la sepultura, al igual que a Jesús. Y su oración llegó hasta ti en tu Santo
Templo. Refiriéndose a Jesús. Jon 1:6-7.
Así como Jonás estuvo tres días y tres noches en
el vientre del gran pez, también el Hijo del Hombre estaría tres días y tres
noches en el corazón de la tierra, según las palabras de Jesús en Mateo 12:40.
Esta declaración anunciaba con anticipación, la sepultura y resurrección de
Jesús como hombre.
Jonás fue enviado por Dios a predicar a Nínive,
ciudad que se arrepintió, ante su mensaje. De igual manera, Jesús vino a
proclamar el Reino de Dios, llamando al arrepentimiento. La respuesta de Nínive
a la predicación de Jonás fue tan impactante, que Jesús la usó como ejemplo de verdadero
arrepentimiento.
Cuando Jonás huyó de la presencia de Dios,
embarcándose hacia Tarsis, se desató una gran tempestad. Reconociendo su culpa,
pidió ser arrojado al mar para calmar la tormenta. Dios, en su soberanía,
preparó un gran pez que lo tragó, y desde las profundidades del mar, Jonás
clamó a Dios. Su oración, como se relata en Jonás 2:1–10, ascendió hasta su
Santo Templo, y Dios le respondió, sacando su vida de la sepultura. Así como
predijo Jesús.
Después de esta experiencia, Jonás recibió nuevamente el llamado divino: debía ir a Nínive. Esta vez obedeció. Caminó por la ciudad proclamando el mensaje de juicio: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” según Jonás 3:4. La noticia llegó hasta el rey, quien decretó ayuno para todos, incluso para los animales. El pueblo abandonó su maldad y clamó a Dios con sinceridad. Al ver su arrepentimiento, Dios se compadeció y no ejecutó el castigo anunciado según Jonás 3:10.
Este relato no solo revela la misericordia de Dios ante el arrepentimiento de un pueblo que no sabía lo que hacía. Este hecho nos recuerda la obra redentora de Cristo: su muerte, sepultura y gloriosa resurrección. Esta es la señal definitiva para una generación incrédula, que anuncio Jesús en su época.
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