1.1. Dios hizo juicio a
Nínive que en 40 días será destruida. 3:1-6.
1.2. Dios le revocó el
juicio a Nínive, porque Nínive creyó en Dios y dejó sus malos caminos. 3:7-10.
2. Jesús
como su Santo Templo.
Jonás menciona dos veces en su oración: “Tu Santo Templo”. Una para
referirse que “verá su Santo Templo”. Jo 2:4. Y otra para indicar que su
oración llegará hasta su Santo Templo. Jo 2:7. Son dos anuncios: ver y ser
escuchado. Verá a Jesús, a pesar de su castigo, ya que está a punto de morir, y
su oración es respondida desde su Santo Templo, a pesar de estar al borde de la
muerte.
En este sentido, el libro de Apocalipsis nos aclara que el Santo
Templo de Dios es Jesús. Apo 21:22. Y Jesús mismo se refirió a su cuerpo, como el
Santo Templo de Dios. Una vez cuando estaba frente al templo hecho por los
romanos y otra en la oración al padre en el Evangelio de Juan.
En este sentido Jesús no se refería a la destrucción del templo físico
de los romanos, que sucedió en año 70 de su era, sino a su muerte y su resurrección,
como el templo de Dios viviente. Ju 2:14. Y en su oración en el Evangelio de
Juan, se refiere a que el Espíritu Santo habita en él, y él habita en el
creyente. Como Santo Templo de Dios. Ju 17:23.
Al igual que Jonás, pocos profetas, tales como: Habacuc, Isaías y
Miqueas, hacen mención del Santo Templo de Dios, refiriéndose a Jesús. Ha 2:20;
Isa 6:1; Miq 1:2.
3. Jesús explica: a la predicación de Jonás, se arrepintió Nínive.
3.1. Jesús explicó, que él estaría en el corazón de la tierra por tres
días y tres noches como estuvo Jonás dentro del vientre del pez. Mat 12:40.
3.2. En la oración de Jonás, proféticamente dice: él sacó su vida de
la sepultura, al igual que a Jesús. Y su oración llegó hasta ti en tu Santo
Templo. Refiriéndose a Jesús. Jon 1:6-7.
Así como Jonás estuvo tres días y tres noches en
el vientre del gran pez, también el Hijo del Hombre estaría tres días y tres
noches en el corazón de la tierra, según las palabras de Jesús en Mateo 12:40.
Esta declaración anunciaba con anticipación, la sepultura y resurrección de
Jesús como hombre.
Jonás fue enviado por Dios a predicar a Nínive,
ciudad que se arrepintió, ante su mensaje. De igual manera, Jesús vino a
proclamar el Reino de Dios, llamando al arrepentimiento. La respuesta de Nínive
a la predicación de Jonás fue tan impactante, que Jesús la usó como ejemplo de verdadero
arrepentimiento.
Cuando Jonás huyó de la presencia de Dios,
embarcándose hacia Tarsis, se desató una gran tempestad. Reconociendo su culpa,
pidió ser arrojado al mar para calmar la tormenta. Dios, en su soberanía,
preparó un gran pez que lo tragó, y desde las profundidades del mar, Jonás
clamó a Dios. Su oración, como se relata en Jonás 2:1–10, ascendió hasta su
Santo Templo, y Dios le respondió, sacando su vida de la sepultura. Así como
predijo Jesús.
Después de esta experiencia, Jonás recibió
nuevamente el llamado divino: debía ir a Nínive. Esta vez obedeció. Caminó por
la ciudad proclamando el mensaje de juicio: “Dentro de cuarenta días Nínive
será destruida” según Jonás 3:4. La noticia llegó hasta el rey, quien decretó
ayuno para todos, incluso para los animales. El pueblo abandonó su maldad y
clamó a Dios con sinceridad. Al ver su arrepentimiento, Dios se compadeció y no
ejecutó el castigo anunciado según Jonás 3:10.
Este relato no solo revela la misericordia de
Dios ante el arrepentimiento de un pueblo que no sabía lo que hacía. Este hecho
nos recuerda la obra redentora de Cristo: su muerte, sepultura y gloriosa
resurrección. Esta es la señal definitiva para una generación incrédula, que
anuncio Jesús en su época.
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